Utilizando la tecnología alienígena obtenida en la batalla de 1996, las diferentes naciones del mundo han colaborado para la creación de un sistema de defensa para la Tierra. Pero los extraterrestres también han aprendido de sus errores, y 20 años más tarde inician una nueva invasión.
Amada por sus revolucionarios efectos especiales, odiada por su ciego patriotismo norteamericano, "Independence Day" es sin lugar a dudas una de las superproducciones más emblemáticas de la década del 90.
Cumpliéndose 20 años de la explosiva invasión extraterrestre, Roland Emmerich regresa para brindarnos la -no menos estruendosa- continuación de su película más taquillera.
Incurriendo exactamente en los mismos aciertos y errores que su predecesora, nos encontramos ante una superproducción visualmente espectacular, penosamente patriótica y tan entretenida como se podría esperar.
Prescindiendo de Will Smith, la historia recupera a todos los personajes inmortalizados en la anterior y agrega nuevos que resultan intrascendentes hasta límites insospechados.
Estos últimos son uno de los mayores defectos del film y sus actores son fundamentales para su falla argumental, no obstante, el regreso del ingeniero que Jeff Goldblum interpretó en la original, el de su padre, el del científico presuntamente muerto y del presidente son nostálgicas virtudes para agradecer.
Dejando de lado el arco argumental que no se diferencia mucho de cualquier invasión extraterrestre vista anteriormente, los efectos especiales nos brindan un fastuoso espectáculo con secuencias impactantes de presenciar en la gran pantalla.
Emmerich es un director experto en el campo de la destrucción y acá lo demuestra nuevamente a través de explosivas escenas dignas del mejor cine catástrofe, caídas de edificios, explosiones varias, tsunamis y esa descomunal nave extraterrestre que es un exceso en todo el sentido de la palabra.
Repleta de errores cometidos 20 años atrás pero también con todos los aciertos que uno busca en un blockbuster pochoclero, "Independence Day: Resurgence" es una impactante superproducción para disfrutar con la mente apagada y esperando ver una nueva destrucción alienígena nada memorable como sí lo fue la del 96, pero tan espectacular, patriótica y destructiva como ella.
6.2/10