viernes, 15 de mayo de 2015

Atracción Diabólica (1988)

Alan Mann, un prometedor estudiante de derecho, sufre un accidente que lo deja totalmente paralizado. Abandonado por su novia y cuidado por una antipática enfermera que contrató su madre, Alan encuentra consuelo en una mona que le trae su mejor amigo para que lo ayude. A medida que pasa el tiempo, la relación entre ambos se va haciendo cada vez más fuerte, al punto de que la mona se pone celosa de las personas que visitan a Alan y está dispuesta a hacer lo que sea necesario para que nadie la aparte de él.

Dejando de lado los zombies que lo convirtieron en uno de los maestros del cine de terror, en 1988 George A. Romero se puso tras las cámaras para dirigir esta pequeña joyita titulada "Monkey Shines".

Abordando las nefastas consecuencias en las que puede desembocar la experimentación con animales, este hecho se plasma a través de esa simpática -y totalmente peligrosa- mona de nombre Ella, y de la relación enfermiza que llega a desarrollar con su dueño, un hombre cuyo cuerpo ha quedado paralizado a causa de un trágico accidente.
Convertida en las manos de su dueño, Ella no sólo se encarga de cuidarlo, sino también de acabar con las personas que suponen una molestia para él, tranformándose en una peligrosa amenaza de la cual no será sencillo librarse.

Explotando al máximo la figura de la primate, Romero consigue narrar una historia atrapante, plasmando la desesperación (en todo el sentido de la palabra) que el discapacitado siente y cerrándola con un sádico desenlace digno de cualquiera de sus películas de zombies.
Por todos estos motivos, "Monkey Shines" se convierte en una fantástica propuesta del cine de terror ochentero, consolidándose de la mano de esa diabólica mona a la que nadie quisiera tener ayudándolo en su casa.

8.6/10

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada